Un anuncio inesperado durante un sermón dominical desató una conversación que va más allá de la fe. Lo que comenzó como un mensaje personal desde el púlpito terminó por convertirse en un tema de debate internacional sobre identidad, religión e inclusión. Meses después, la historia volvió a captar la atención pública, esta vez por las imágenes que muestran un cambio profundo y visible, acompañado de reacciones encontradas tanto dentro como fuera de la iglesia.
¿Quién fue el reverendo que hizo su transición?
En diciembre de 2025, durante uno de sus sermones dominicales, el reverendo Phillippe Phanuef sorprendió a su congregación con una confesión que marcaría un antes y un después en su vida. “Me cansé de fingir que soy hombre”, expresó desde el altar, mientras vestía una estola con los colores de la bandera trans. Ese día anunció públicamente que iniciaría su transición de género.
El mensaje generó impacto inmediato, no sólo por tratarse de un líder religioso, sino por el contexto en el que se dio. Phillippe pertenece a la Iglesia Metodista Unida, institución que meses antes había actualizado el llamado Libro de la Disciplina, documento que rige las normas internas sobre diversos temas, incluida la aceptación de la comunidad LGBT. En dicha actualización, la iglesia otorgó mayor autonomía a las jerarquías regionales para decidir cómo abordar la inclusión y la diversidad sexual.
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Cinco meses después de aquel anuncio, Phillippe presentó al mundo una nueva etapa de su vida: ahora se identifica como Phillippa Phanuef y ejerce como reverenda. A través de su cuenta de Instagram, decidió compartir los resultados de su transición, mostrando cambios físicos y emocionales derivados de la terapia de reemplazo hormonal.
“¡Feliz quinto mes de terapia de reemplazo hormonal! Estoy muy agradecida con ustedes, amigos y familiares”, escribió en una de sus publicaciones más comentadas, donde destacó el apoyo recibido durante el proceso.
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Reacciones tras el anuncio del reverendo Phillippe Phanuef
Las reacciones no se hicieron esperar. Mientras sectores externos a su comunidad parroquial manifestaron críticas y cuestionamientos, dentro de su círculo cercano y en redes sociales predominó un mensaje de respaldo. En sus publicaciones recientes, Phillippa no sólo documenta los cambios en su apariencia, sino también escenas cotidianas que reflejan su nueva vida, como salir de compras para renovar su clóset.
“Las prendas siempre lucen mejor en el aparador”, escribió con humor en una imagen tomada desde un probador, gesto que fue celebrado por sus seguidores. Comentarios como “Un cambio impresionante en apenas cinco meses” o mensajes de cariño y admiración se repiten constantemente en su perfil.
Incluso en celebraciones relacionadas con la iglesia, Phillippa aparece participando activamente, recibiendo muestras de respeto y aceptación por parte de miembros de la congregación, lo que ha sido interpretado como una señal de apertura dentro de ciertos sectores religiosos.
Desde la postura institucional, la Iglesia Metodista Unida no ha emitido un pronunciamiento directo sobre su caso específico, pero el marco actual permite que cada región defina su camino en temas de diversidad, lo que explica la coexistencia de opiniones tan contrastantes.
La historia de Phillippa Phanuef se ha convertido en un reflejo de los cambios sociales que también alcanzan a las instituciones religiosas. Su transición, compartida de manera abierta y personal, ha reavivado el debate sobre fe, identidad y aceptación en pleno siglo XXI. Más allá de la polémica, su testimonio continúa generando conversación y visibilidad, mostrando cómo la espiritualidad y la identidad personal pueden coexistir en medio de un escenario todavía en transformación.
