El primer movimiento telúrico del año no pasó desapercibido. La mañana de este viernes 2 de enero de 2026 se registró un sismo que despertó la conversación tanto en redes sociales como en espacios informativos. Más allá de los datos técnicos, este tipo de eventos suele despertar preguntas más profundas: ¿por qué tiembla?, ¿se puede anticipar un terremoto? y, para muchos, ¿qué significado tenía para las antiguas civilizaciones que habitaron México?
Mientras las autoridades analizan el fenómeno desde la ciencia, las interpretaciones culturales y simbólicas vuelven a colocarse sobre la mesa, especialmente aquellas heredadas de los pueblos prehispánicos, quienes veían en los sismos algo más que un simple fenómeno natural.
¿Por qué se produce un sismo?
Un sismo ocurre por la liberación repentina de energía acumulada en el interior de la Tierra. Esta energía se genera principalmente por el movimiento de las placas tectónicas, enormes fragmentos de la corteza terrestre que se desplazan lentamente. Cuando estas placas chocan, se separan o se deslizan entre sí, la tensión acumulada se libera en forma de ondas sísmicas.
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México se encuentra en una zona de alta actividad sísmica debido a la interacción de varias placas, como la de Cocos, la Norteamericana y la del Pacífico. Por ello, los movimientos telúricos son relativamente frecuentes, especialmente en regiones del sur y occidente del país.
¿De cuánto fue el temblor de hoy 2 de enero de 2026?
De acuerdo con los primeros reportes del Servicio Sismológico Nacional, el temblor registrado hoy viernes 2 de enero de 2026 tuvo una magnitud de 6.5 grados en la escala de Richter. El epicentro se localizó en el sureste de San Marcos, Guerrero, una zona conocida por su actividad sísmica.
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Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños mayores, aunque se mantiene el monitoreo constante y el llamado a la población para mantenerse informada a través de canales oficiales.
¿Se puede predecir un sismo o terremoto?
A pesar de los avances científicos, actualmente no es posible predecir con exactitud cuándo y dónde ocurrirá un sismo. Los especialistas pueden identificar zonas de riesgo y calcular probabilidades a largo plazo, pero no anticipar un evento específico.
Por ello, la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva: protocolos de protección civil, simulacros y estructuras adecuadas son clave para reducir riesgos ante futuros movimientos telúricos.
¿Qué pensaban los aztecas sobre los sismos?
Para los aztecas y otras culturas prehispánicas, los sismos estaban profundamente ligados a la religión y la mitología. Eran interpretados como manifestaciones del movimiento o la ira de los dioses, en especial de Cipactli, el monstruo terrestre asociado con la tierra.
Estos fenómenos quedaron plasmados en códices como el Códice Telleriano-Remensis, considerado el primer documento en América que ilustra pictóricamente los terremotos. En él se utilizan los glifos ollin (movimiento) y tlalli (tierra) para representar los temblores, vistos como presagios que alteraban el orden del mundo.
Otros textos, como el Códice Chimalpopoca y los Anales de Tlatelolco, relatan sismos históricos, como el ocurrido en 1455, que provocó el colapso de chinampas en Tenochtitlan y una grave crisis social. Bernardino de Sahagún también documentó rituales de protección simbólica realizados durante los temblores.
El sismo de hoy viernes 2 de enero de 2026 no solo recuerda la realidad geológica de México, sino también la manera en que estos eventos han sido interpretados a lo largo de la historia. Mientras la ciencia busca comprender y mitigar sus efectos, las visiones ancestrales revelan cómo los terremotos marcaron el pensamiento, la fe y la vida cotidiana de las civilizaciones prehispánicas. Entre datos, prevención y memoria histórica, cada temblor sigue siendo un recordatorio de la fuerza viva de la Tierra.
